domingo, 19 de enero de 2014

Estrenos: El lobo de Wall street

24 hours party people

En los años setenta alcanzó cierta popularidad un subgénero conocido como "rape and revenge", esto es, películas de "violación y venganza". La estructura de estas películas siempre era la misma: una mujer es violada y dada por muerta. Más tarde, ella misma o alguno de sus allegados les dará a los agresores su sangriento merecido. 
Uno de los reclamos que este tipo de films tenía para parte de su público era la posibilidad de fantasear con protagonizar actos moralmente condenables. Más tarde, la cruenta y bíblica venganza que iba a caer sobre los villanos redimiría al espectador de sus inconfesables fantasías. Las malas acciones, aunque atractivas, siempre traían consigo su correspondiente castigo. 

"Seeee"
Esta pésima introducción venía a cuento del similar esquema  sobre el que se ha desarrollado la mayoría del cine de gangsters. Películas protagonizadas por carismáticos delincuentes que no cumplen con la mayoría de normas, legales y sociales, con las que el resto de los mortales hemos de vivir a diario. Superhombres que de manera frecuente despiertan en nosotros inesperadas punzadas de envidia. Tienen la vida que el resto no podemos tener, hacen y dicen lo que nosotros reprimimos. Por eso, al final de la peli, el espectador dice sentirse aliviado cuando la policía acribilla al malvado o, aún peor, lo obliga a acogerse a un triste programa de protección de testigos. El criminal ha tenido la osadía de vivir una vida mejor que la nuestra y ahora tiene que pagar, aunque no quede muy claro si por las fechorías cometidas o por habernos hecho disfrutar con ellas.

Y es con esta premisa en mente con la que el fan medio de la gigantesca "Uno de los nuestros"(Godfellas,1990) y de "Casino"(1995),su hermana menos agraciada, se ha dirigido a ver la nueva película de Martin Scorsese. No en vano algunos ya la habían vendido como el regreso del genio de las cejas superlativas a esos derroteros que tan bien conoce. Y por eso mismo, el encendido de luces del final de la proyección a la que asistí este pasado día 17 estuvo marcado por el silencio incómodo de un buen número de esos fans, por no hablar de los matrimonios de mediana edad que protestaban entre dientes mientras desfilaban hacia la salida...

La peli, a ver si lo digo de una vez, me ha encantado. Es una cosa estratosférica que me ha hecho disfrutar como un enano volador a lo largo de 180 minutos de caviar cinematográfico. Me parece muy difícil que cualquier otro estreno de 2014 pueda hacerle sombra. Que a los fortuitos compañeros de multisala no les entusiasmara tanto lo atribuyo a esas expectativas morales con las que la mayoría se enfrenta a un film sobre "el auge y caída" de un delincuente. Pero vayamos por partes.

El sueño americano, mamones.
No es que no haya en "El lobo de Wall Street" rasgos distintivos del Scorsese más vitoreado. De hecho, es lógico emparentarla con su diptico sobre la mafia italoamericana. Los personajes ambiguos, las interpretaciones al límite, la voz en off, las soluciones de montaje atrevidas, la selección musical, el ritmo trepidante...todo esto también está presente en "El lobo...". Incluso algunas situaciones parecen adaptadas de una peli a otra. Es fácil ver similitudes entre las discusiones conyugales de Jordan Belfort y las que mantenían los personajes interpretado por Robert de Niro y Sharon Stone en "Casino". Como si el antiguo guionista de "Los Soprano", Terence Winter, hubiese tenido la vista demasiado puesta en el trabajo de Nicholas Pileggi. Sin embargo, mientras que en aquellas películas, ya clásicas, existía una especie de justicia divina con la que los protagonistas tenían que vérselas al final, en esta, como en la vida real, el "castigo" no acaba de llegar. Belfort sigue vivo, da seminarios, gana dinero. El público no tiene ningún asidero moral al que agarrarse. Ha disfrutado con algo que a priori  condena. Y de ahí el disgusto de algunos.

Más allá de la visión crítica hacía el tipo de impresentables que han movido nuestros hilos los últimos 20 años, hay más lecturas aquí. Scorsese plantea la función como una oda al exceso, a la vidorra, a la fiesta, pero también como un canto a la amistad. La cuadrilla compuesta por los miembros fundadores de Stratton Oakmontun exhiben un compadreo parecido al de los protas de "Goodfellas". Posiblemente gente bastante infame, cierto, pero que se aman entre ellos casi más que a sus mujeres. Quizás porque en una historia en la que la juerga tiene un papel tan predominante, sea justo recordar que  las grandes fiestas surgen gracias a los colegas implicados. Y en ese sentido, la divertida y patética relación que representan Leonardo DiCaprio y Jonah Hill es una de las más bellas historias de amistad del cine reciente.
"I like to move it, move it. I like..."
Y ya que los nombro, hay que rendirse ante los dos actores. Como dúo cómico, Hill y DiCaprio funcionan a las mil maravillas, despliegan una química extraordinaria y sacan adelante escenas de pura comedia física. El primero se mete por derecho propio en primera división, mientras que Leo construye una de las mejores interpretaciones, si no la mejor, de toda su carrera. ¿Que por momentos se pasa varios pueblos? Sí, y nunca una sobreactuación estuvo más justificada que aquí, puesto que todo en "El lobo..." es excesivo. Las interpretaciones, el tono, los kilos de droga en polvo, los ejércitos de prostitutas, los kilos de droga en pastillas. Pero por encima de todo, el ritmo y la diversión.

Y los temazos de Umberto Tozzi.

Since 1980 petándolo big time
Con una larga carrera, varias obras maestras  y pocas cosas que demostrar, Scorsese no sólo no se acomoda, sino que abrazando el cine digital sin ningún tipo de complejos se marca una de las películas más frenéticas y divertidas de su filmografía, imprimiéndole un ritmazo imparable gracias a su compañera de batallas fílmicas, Thelma Schoonmaker, montadora de sus películas durante los últimos treintytantos años. Cuesta creer que un par de septuagenários sea capaz de entregar una obra tan vigorosa como esta.

Y sí el espectador no ha entendido el mensaje o tiene ideas propias sobre como debería terminar una película así, quizás debería asumir que aquello que no le ha gustado en realidad forma parte de lo que oscuramente desea. Scorsese, veterano de mil y una fiestas que a punto estuvieron de costarle la vida, conoce muy bien una de las moralejas de una película tan basada en nuestras ansias de excesos. La farra no se puede prolongar indefinidamente, pero es maravillosa mientras dura. 

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